Los Incas Hurin fueron reyes-sacerdotes que tuvieron el Inticancha o templo del Sol como sede de gobierno. Dominaron Un territorio relativamente pequeño, sin mayores afanes expansivos, preocupados básicamente por consolidar la sujeción de las tribus que originariamente habían poblado el Cuzco. Pactaron alianzas con algunas de ellas, mediante matrimonios, lo que demuestra que la casta de los orejones no fue en ese tiempo lo cerrado que sería luego, pues más de una reina fue de procedencia no incaica. Hubo tribus intransigentes que persistieron en la resistencia, como la de los Ayarmacas, para ser finalmente sojuzgadas.

Pero no sólo hubo luchas con tribus ajenas sino que en todo momento se manifestaron también pugnacidades al interior del grupo incaico. Y aunque carecemos de referencias suficientes para afirmar que la contradicción Hurin-Hanan se dio desde siempre, esto muy bien puede plantearse como hipótesis. Hallamos mención de tales referencias desde los tiempos borrosos de los hermanos Ayar. Según la leyenda, Ayar Manco triunfó finalmente sobre Ayar Auca, pero sin aniquilar a la familia derrotada. Hizo más bien lo contrario, honrándola en recuerdo de un ancestro común y dándole cabida en el nuevo reino del Cuzco. Es posible que ello posibilitase la formación de dos linajes, uno emparentado con el vencedor y otro con el vencido, génesis de los Hurin y Hanan Cuzco, respectivamente. Pudo también suceder que las familias de los tres hermanos vencidos (Ayar Ucho, Ayar Cachi y Ayar Auca) viniesen a integrar desde entonces los llamados ayllus custodios, que tuvieron alguna influencia como consejeros del Inca reinante.

La sucesión de Manco Cápac fue pacífica, pero a la muerte del segundo rey Sinchi Roca se desataron las disputas, enfrentándose los príncipes Cusi Guaman Cari, Manco Sapacca y Lloque Yupanqui. Triunfó este último con el apoyo del clero solar, que desde un principio se erigió en estamento dominante. Sobre el culto helíaco se forjo la ideología de la dominación, proclamándose a los Incas del Sol o Intip Churin. Entonces se habría lucubrado la leyenda del lago Titicaca. Posteriormente las luchas de sucesión adquirieron matices mayores, ya que los regicidios fueron una constante. Lloque Yupanqui propuso que el sucesor se escogiese entre sus hermanos Apo Conde Mayta y Tácac Huincay, provocando así la oposición de su hijo Mayta Cápac, quien apoyado por su madre la reina Mama Tancar Ichachi, lo hizo  envenenar, tomando el poder por la fuerza. Muchos orejones partidarios del rey asesinado, tuvieron que emigrar al oriente para escapar de la muerte (Murúa, 1962:32).

El nuevo Inca habría tenido un nombre original, cuyo recuerdo no guardó la tradición. Se le dio el de Mayta Cápac en alusión a la vida reflexiva que durante un tiempo le fue característica: Este Mayta Cápac se llámese (así) porque solía decir cuando niño: ¿Ah Mayta Cápac?, como si dijese: Creador, Señor, a dónde estás? Y siempre hacía estas consideraciones con deseo de conocer al Creador (Santa Cruz Pachacuti, 1927:157). Tal preocupación metafísica lo distanció un tanto del clero solar, y también del clero menor, adorador de las huacas. Pretendió el Inca acabar con éstas, pero lo contuvo el temor de perder el apoyo de los sacerdotes del Sol, que las consentían. Con todo, manifestó su resistencia a considerar al Sol como deidad principal, repitiendo que su hechura y movimiento eran obra de un dios supremo omnipotente al que llamó Pacha Yacháchic, en cuyo honor estableció el Cápac Raymi o fiesta para el poderoso señor, dominador y hacedor del mundo. Tal actitud, que parecía apuntar al  monoteísmo, no fue óbice para que proliferaran los oráculos, mencionándose que hubo uno por cada huaca, lo que habla a las claras de su crecido número.

Nueva crisis sobrevino a la muerte de Mayta Cápac, disputando la sucesión los príncipes Cápac Yupanqui, Apo Tarco Guaman, Inti Conde Mayta, Orco Guaranca, Queco Aucaylli y Roca Yupanqui, triunfando el primero con la aceptación del clero. Bien pronto se distanció Cápac Yupanqui de los sacerdotes del Sol. Fue el primero en interesarse por la formación de un ejército regular, iniciándose en su tiempo los afanes expansivos. Sometió a los cercanos Condesuyos y guerreó victoriosamente contra los Yanahuaras, Aymaras, Omasuyos, Cotapampas y Cotaneras, llegando hasta el Pachachaca o Aucapanamayo donde recibió a embajadores de los Quechuas de Andahuaylas que lo invitaron a pactar una alianza. La aceptó el Inca, pues de esa manera se ponía coto a la expansión de los Chancas, confederación de tribus que partiendo de su asiento original en las alturas de Huancavelica había llegado triunfante hasta el río Vilcas o Colcamayo, límite de los Pocras.

Pero en sus años postreros Cápac Yupanqui renunció a todo afán bélico, dedicando atención a la reforma del culto. Iconoclasta declarado, se volvió contra el clero solar, originándose una grave crisis. Desprestigió a oráculos y sacerdotes proclamando la existencia de un supremo dios omnipotente e invisible, y según Santa Cruz Pachacuti llegó a decir en público: Yo siento que hay otro, el poderoso hacedor de todas las cosas, como lo había dicho mi padre Mayta Cápac (1927:164). Lo apoyó en esa convicción un pequeño núcleo de sacerdotes progresistas, que inició el culto al dios supremo llamándolo Pacha Cámac y Pacha Yacháchic (Murúa, 1962:37). Y sabios astrónomos estudiaron detenidamente el movimiento del Sol, apoyando las ideas del Inca. Dice Molina que Cápac Yupanqui, el que mejor entendimiento tuvo entre los Incas, sacó por razón natural que una cosa sujeta a movimiento como el Sol, pues nunca para y sin descansar un sólo día, no era posible fuera dios, sino algún mensajero enviado por el hacedor a visitar todos los días al mundo. Demás que le parecía ser inconveniente para ser dios, que una nube pequeña cuando se le ponía delante impidiese sus rayos (1943:19).

Ante el temor de perder preeminencia el clero solar combatió tal concepción, considerándola una blasfemia. Se produjo en consecuencia el rompimiento y la separación de poderes, abandonando Cápac Yupanqui el Inticancha para instalarse en un palacio que erigió para sede de su gobierno. Acto seguido, deseando acabar con toda la concepción religiosa tradicionalista destruyó las huacas de Uaros, Yanacocha, Luricachi de Vilcanota, Caochacota y Yanacota de Langue, Chuytupiya, Tantaocopa y Uaminturpo, con lo cual se hizo de muchos enemigos. Los Hurin tramaron entonces su derrocamiento y se alinearon con ellos los “ayllus custodios”, presumiblemente Hanan que hasta entonces habían estado relegados a un segundo plano. Lo cierto es que el Inca fue envenenado por la princesa Cusi Chimpo, representante de esos “ayllus custodios” (Murúa, 1962:38).

¿Qué nos lleva a suponer que Cusi Chimpo fuese Hanan? Una simple hipótesis que sugerimos releer antes de ser descartada. En la historia incaica aparece el nombre Cusi muy ligado a la parentela Hanan: Yahuar Huacca, segundo rey Hanan, ciñó la mascaypacha con el nombre de Titu Cusi Huallpa; Pachacuti, el primer emperador, se llamó originalmente Cusi Yupanqui; Huayna Cápac, al igual que Yahuar Huacca asumió el poder adoptando el nombre de Titu Cusi Huallpa; y fue el príncipe Cusi Yupanqui, jefe de la panaka de Pachacuti, el segundo de Atahuallpa, adalid de los Hanan. Incontestablemente, y concédasenos la reiteración, todos estos personajes fueron Hanan y se llamaron Cusi. Conforme a esto, ¿habrían sido también Hanan el príncipe Cusi Guaman Ccari, que discutió la sucesión con Lloque Yupanqui, y la princesa Cusi Chimpo, envenenadora de Cápac Yupanqui? Cabe suponerlo, por lo menos en esta última, pues consumado el regicidio los “ayllus custodios” eligieron como rey al Hanan Inca Roca.

El clero solar, eminentemente Hurin, consintió el cambio de dinastía, probablemente obteniendo a cambio la promesa de que su preeminencia sería respetada. Y esa suerte de alianza se selló con la sangre de los sacerdotes progresistas que fueron casi exterminados. No se borraría empero la idea del dios omnipotente, que a la larga terminaría imponiéndose aunque sólo a nivel de una selecta élite incaica.

Fuente: Luis Guzmán Palomino , Luchas Dinásticas y Guerra de Panakas


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